Sin neuronas, no hay paraíso posible

Por Carlos Bodanza - Mañanas de Campo

Cada semana la política ofrece sus conflictos, agravios, miserias, especulación, autoritarismo y libertades, todos corren de la mano en un país donde todavía, es difícil acostumbrarse a que las reglas, son las de libre mercado, son las que cada país impone y para jugarlas, lo primero que tiene que ocurrir es estar preparado para hacerlo.

 

Falta mucho, falta muchísimo para que se despeje la niebla que durante tantos años, opacó la mirada de los que miran lejos, de esos que cuando siembran o crían, solo saben que con lluvias y mercado habrá paraíso y sin ellas, solo la política y la “muñeca” son el único salvataje, y del primero, hace años que no se espera nada. Por eso, la baja de retenciones, es al menos una señal, es prender “faros antinieblas”, entre tanta ideología “maquiavélica”, con intervenciones, con cupos, con Roes, con las mil y una formas, de que los negocios no funcionen, beneficiando solo a unos pocos, porque ni el país, ni el consumidor, ni ninguno de los “ de a pie”, logró absolutamente nada. Por eso, es tan importante saber adónde vamos, sentarse a comenzar a programar, que vamos a producir, qué vamos a exportar, pero es importante para eso, saber “el cómo”.

 

Cómo lo trasladamos? Podría ser la primer pregunta, si se nos ocurre aumentar la producción en cualquiera de los granos, mientras rutas, autopistas, trenes, son solo cadáveres que esperan al costado del camino. Cómo competimos? Si quienes producen lo mismo, tienen otras reglas de juego, sin mencionar las retenciones, hablemos de créditos, de una ley de suelos o de napas subterráneas, de cuidado del medio ambiente, de agiornar lo impositivo, el iva, las ganancias, de generar premios para quienes apuestan a un país en crecimiento, acompañar en serio el crecimiento productivo.

 

La ganadería transita un camino pocas veces recorrido, al menos la interna tiene un mercado que se debate entre el stock, la alta competitividad frente a la agricultura, pero toda una serie de medidas impulsivas y compulsivas, que no aportan absolutamente nada, llamese vacunación de aftosa y nuevas vacunas sin ningún tipo de plan de regularización vacunal y de laboratorios, qué decir de la identificación electrónica sin que ni siquiera el sistema esté preparado –distribuidores, Senasa, confusión de identificación con trazabilidad, qué mercados perseguimos- y hasta incluso esta última medida, con la liberación de exportación de hacienda en pie, sin tener ni  siquiera un mercado conversado sobre que tipo de haciendas, status sanitario, precios del mercado, etc. Todo absolutamente todo, compulsivo y sin objetivos claros. Celebramos las libertades, las deseamos, pero con algún tipo de ordenamiento.

 

Competir es entender que por aquí hay todavía mucho por hacer, es imperiosamente necesario sentarse a poner más cabeza que hormonas, más diálogos que gritos, más palabras con sentido que insultos. Hay siempre un mundo “observando”, ese mismo mundo que pagará o no, lo que nosotros estemos dispuestos a vender, pero para eso, tenemos que tener claro, qué es lo que queremos vender.

 

“Nunca se meta ni pase, por juez de problema ajeno, el rancho suyo está lleno de cosas por arreglarse” dice Don Larralde, mientras que los molinos harineros denuncian que gran parte del negocio fiscalmente no lo controla nadie, por lo cual da igual vender una harina de máxima calidad con sus productos que una vencida y en negro, nadie lo ve, nadie lo paga. Por eso es todo lo mismo, un frigorífico con máximos protocolos de salubridad, frente a un gancho colgado en el eucalipto o un matarife de pueblo, no es cuestión de dejar gente en la calle, cuando es más sencillo correr el riesgo de que alguien se muera por una media res mal lavada, ni que hablar de fiscalizar las cámaras en carnicerías o cerrar un simple puesto en la ruta.

 

Hay que sentarse en serio, amo la libertad, la ansío desesperadamente, pero la quiero bajo un camino de mucha “cabeza”, de productos que se paguen por su calidad, por su inocuidad, por ser los más competitivos del mundo, no porque simplemente, los “dejamos ser” y punto.

 

La bruma está todavía dando vueltas y hay muchos rogando y trabajando para que jamás se despeje. Está en la fortaleza de los nuevos vientos, poder correrla y que nunca vuelva a someternos, es el mayor objetivo de los que creemos que el potencial Argentino, necesita menos impulso y más neurona. Viva la libertad carajo, pero la que usa el cerebro, de los que jamás lo tuvieron, llevamos 50 años.

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